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Pilar y la tabla de ouija

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Nunca había pasado nada mientras Pilar usaba en solitario su tabla de ouija en la habitación, por lo que decidió invitar a unos amigos a que pasasen la experiencia con ella, y además, por si había suerte y algún espíritu perdido llegaba a contactar.

De todas formas, tan sólo pilar creía un poco, pero llevaba ya tiempo intentándolo y empezaba a perder la fe. El caso es que una tarde de domingo, Pilar se reunió con Adolfo, Pedro y María y se dirigieron a una pequeña fábrica que se encontraba abandonada en aquél viejo pueblo que cada vez mermaba más en número de habitantes.

De la fábrica se contaban historias terribles, y de la gran cantidad de muertes que se sucedieron por la locura de un viejo ciudadano que murió por allá por el año 1947. Desde entonces, las historias de que el viejo se aparecía y devoraba a sus víctimas como ya hizo en el pasado se sucedían una tras otra, pero la verdad es que en los 27 años que llevaban viviendo allí, nunca nadie había muerto por causas que no fueran naturales.

Ya estaba todo preparado, y comenzaron la sesión. Las vetustas paredes de madera y el fuerte viento que soplaba en el exterior hacían un entorno sin duda tétrico. Las viejas piezas del matadero chocaban unas contra otras sin que nadie las pudiera parar… Todo había empezado, pero ellos aún no lo sabían.