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No entres a la habitación

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Cuando somos pequeños, la oscuridad suele atemorizarnos y darnos la sensación de que hay algo en el ambiente lleno de terror y una magia negra que pone la piel de gallina. Pero cuando crecemos, si alguien nos dice que no entremos a una habitación, lo primero que pensamos es que esa persona no está bien de la cabeza.

El caso es que desde pequeños nuestra abuela siempre nos decía que no entrásemos a una de las habitaciones de su casa, que tras la puerta aguardaban espíritus vengativos que acabarían con la vida de todo aquel que osase adentrarse en el interior.

Pero los años fueron pasando, y aunque todavía siendo adultos seguíamos teniendo un cierto temor a aquella habitación, una tarde mi hermano yo decidimos que era el momento de entrar y averiguar qué era lo que realmente nuestra abuela escondía tras esas paredes.

Mi hermano siempre fue más valiente que yo, y por ello decidió dar el primer paso y abrir la puerta, la cual estaba completamente atrancada, como si la madera se hubiese unido al marco y si hubiese consolidado por completo.

Aparte, varios candados hacían mucho más difícil el acceso, ya que las llaves no se encontraban por ningún lado.

Finalmente y con mucho esfuerzo, conseguimos derribar la pequeña puerta de madera desvencijada, pero aun así yo no me atrevía a entrar porque seguía guardando el miedo que nos infundió nuestra abuela, pero mi hermano se aventuró y pasó al otro lado.

Durante unos minutos seguí escuchando su voz, pero poco a poco notaba que se alejaba demasiado, algo que era imposible porque la habitación apenas tendría unos 30 m², por lo que era ilógico que hubiese recorrido una distancia tan grande.

Ésa es la última vez que vi a mi hermano, y nunca me atreveré a averiguar qué es lo que ocurrió.