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Los espíritus del bosque encantado

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Alberto y Gustavo eran dos amigos que se conocían desde el colegio, y siempre realizaban actividades juntos. La mayor parte de estas actividades se basaban en dar largos paseos y realizar acampadas en medio del campo.

Para la última aventura, Gustavo y Alberto planearon acampar en un bosque conocido bastante alejado del pueblo. Pasarían allí el fin de semana con el fin de descansar y aprender más sobre lo que la naturaleza nos ofrece.

Ya se encontraba todo en su sitio y cargado en el todoterreno, por lo que emprendieron su marcha en busca de nuevas aventuras. Después de varias horas de viaje, llegaron al bosque. Ahora no quedaba más que encontrar un buen sitio donde poder acampar, por lo que decidieron seguir andando y dirigirse a la orilla del río.

Una vez allí prosiguieron preparando todo lo necesario para poder pasar unos días fantásticos; las tiendas de campaña, el lugar donde iban a realizar la fogata, todos los elementos para cocinar y para pasar una buena estancia fueron colocándose cada uno en su lugar.

Durante estos días realizaron una gran cantidad de fotos y grabaciones de la tranquilidad de la zona para poder mostrársela a otros amigos y conseguir así que se animasen para ir de acampada con ellos.

El problema fue que al llegar a la casa de nuevo se pusieron a ver todas las imágenes captadas y en la mayor parte de ellas se veían unas pequeñas figuras blanquecinas que no se podían determinar. En un principio pensaron que se trataba de un fallo de la cámara, pero al ver las fotos sacadas con la otra cámara pudieron ver exactamente el mismo problema.

Al llegar a una de ellas, pudieron definir perfectamente la figura de un hombre que llevaba un cuchillo en la mano y se acercaba detrás de Gustavo para colocárselo en el cuello.

A partir de esta experiencia, Albert y Gustavo decidieron no volver a ir acampar al bosque.