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Los espíritus de la casa

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Si no lo hubiese pensado antes, es posible que ahora no estuviese vivo. Para Andrés era difícil salir de aquella casa, porque había pasado en ella los mejores momentos de su vida, pero todo acabó truncándose cuando su mujer falleció de forma inexplicable.

El matrimonio, ya mayor, adquirió la casa hacía 65 años a una familia algo extraña que quería deshacerse de ella de cualquier modo. Por ello consiguieron un gran precio, y hasta la fecha, nunca habían conseguido saber la razón de tanta prisa.

En el pueblo se comentaba que la casa estaba maldita, y al principio esa era la aparente razón de que se marchasen, pero lo cierto es que en 65 años nunca había ocurrido nada extraño, por lo que al poco tiempo esa idea desapareció de sus cabezas.

No obstante, ya hacía un año de la muerte de su mujer, y fue entonces cuando todo empezó a cambiar. La gente pensaba que estaba loco, y que la razón de ello era la pérdida de la mujer amada, pero no era así. Lo que Andrés estaba viviendo era real como la vida misma.

Esos malditos espíritus que siempre subían y bajaban las escaleras le ponían los pelos de punta. Nunca repararon en él, pero cada vez más, se fue dando cuenta de que sabían que estaba allí, y empezaron a entrar más y más espíritus cada vez.

Esto lo llevó a tener que marcharse, pero cuando se quiso dar cuenta, no tenía dónde ir. No existía nada fuera de aquella casa. La razón era que el verdadero espíritu era é mismo, y lo que veía eran personas normales.