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Los barrotes de la ventana

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Magdalena era ya una mujer de unos treinta años cuando conoció a su amado. Diversas circunstancias habían hecho que su vida no fuese satisfecha en el amor, ya que varios hombres la habían abandonado provocando en ella una tristeza casi permanente.

Un día conoció a un apuesto joven del que se enamoró perdidamente, pero de cuyo amor obtuvo más sufrimiento que alegría. El era una persona bohemia, que gustaba de viajar de un lado a otro, una mente abierta sin preocupaciones que no fuese el vivir una vida llena de placeres o gastar su fortuna familiar, lo cual chocaba con el carácter de la joven.

Estando ya avanzado el compromiso entre ambos y esperando a contraer matrimonio, cuentan que el día de la boda mientras se vestía de novia en su pequeña casa recibió la noticia que su amado, seducido por promesas de riqueza y fortuna, había partido para no volver.

Fue tal su tristeza, que dicen que falleció junto a los barrotes de su ventana.



Al mes de su fallecimiento, unos ladrones entraron por la terraza de la casa  para robar las posibles pertenencias de valor de la cada, pero no sabían que existía una leyenda que contaba que cualquier persona que entrase en la casa no volverían a salir…

También se comenta que las paredes internas de la casa aparecieron quemadas, sin que nadie recordase que aquella casa hubiese sufrido un incendio.