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Las fotos de María

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Hacía ya tiempo que Marcos lo sentía, pero la verdad es que no le daba demasiada importancia, porque, al fin y al cabo, esas cosas tan sólo ocurren en los cuentos de terror.

En el fondo sabía que estaba ahí, y las viejas leyendas sobre la casa en la que habitaba le hacías, inconscientemente, creerlo con más fuerza. Pero de todas formas, él no sentía miedo aunque notase la respiración en su nuca.

Pero todo fue convirtiéndose en más extraño, porque nunca quedaba nada de lo que él dejaba, y siempre se sentía dolorido cuando pasaba los ratos sentado frente al porche donde aquél lunático falleció.

Tanto era así que hasta su condición de incrédulo comenzó a cambiar, y empezó a sentir el miedo que uno siente ante estas presencias. Por ello optó por quedar con María una tarde y pasar el rato allí. Al fin y al cabo nunca había ocurrido nada, y ya llevaba seis meses en esa casa.

Se encontraban los dos tranquilamente y a la espera de que algo ocurriese, pero allí no pasaba absolutamente nada. Tanto era así que Marcos decidió ir a la cocina a preparar un pequeño aperitivo para su invitada, pero cuando llegó, ya no había nadie. Por mucho que buscaba, no la encontraba.

Viendo viejas fotos en blanco y negro de los que antes moraban en la mansión pudo reconocer sin dificultad el semblante de María plasmado en una de ellas.