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La vela maldita

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Muchas veces, cuando en un lugar fallece una persona, su espíritu puede deambular durante siglos hasta encontrar la luz que le lleve al buen camino.

De estos espíritus, muchos vagan incesantemente por dentro y por fuera de las viviendas, pero otros adoptan formas increíbles e inclusive pasan a formar parte integral de los objetos.

El caso es que a mis amigos y a mí nos encantaba ir a lugares abandonados y pasar la noche para vencer el miedo a los espíritus, algo en lo que la mayor parte de nosotros realmente no creíamos, pero que nos gustaba intentar sentir para que nuestra adrenalina fluyese y de este modo tener la sensación de que realmente existía un mundo paralelo.

En una de nuestras experiencias, todos decidimos ir a un viejo caserón abandonado que se encontraba en medio del campo, el cual y según decía la leyenda, estaba habitado por extrañas criaturas, aunque nunca nadie supo identificarlas, porque el que entraba a los jardines y sobrepasaba la puerta nunca más volvía a salir.

Nosotros decidimos tirar por tierra esta leyenda aventurándonos durante varias horas entre éstas paredes que parecía iban a venirse abajo de un momento a otro, y lo cierto es que al principio no hubo problema para movernos con libertad pero, de repente, cuando la noche se cerraba, decidimos encender unas velas para poder ver y seguir con nuestra experiencia.

Lo que no íbamos a imaginar era que aquellas velas iban a emanar unos rostros a través de la combustión. En ese mismo instante todos salimos corriendo e intentamos abrir la puerta, la cual estaba cerrada por lo que optamos por salir por las ventanas.

Tan sólo yo conseguí atravesar uno de los ventanales y salí corriendo en busca de ayuda, pero cuando volvimos de nuevo ya no había nadie, y nunca más supe de ellos.