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La última broma de Antonio y Juan

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Antonio y Juan siempre habían sido muy buenos chicos, pero también muy inconscientes. Cada vez que salían juntos, siempre acababan haciendo alguna pequeña gamberrada o dando algún susto a alguien.

Es por ello que finalmente consiguieron ganarse el apodo de los bromistas, aunque la gente les seguía teniendo un cierto aprecio, pero también era cierto que cada vez que los veía llegar preferían apartarse para evitar acabar siendo el blanco de sus burlas.

Hacía ya bastante tiempo que no se pasan por el pueblo y la verdad es que fueron bastante bien recibidos, aunque todos sabían que tarde o temprano iban a hacer alguna de las suyas, por lo que ya estaban preparados.

Fueron pasando los días y no parecía que tuviesen nada preparado, pero a sus vecinos no los podían engañar. Era sábado por la noche y ya había entrado mucho la noche. Por el camino entre los pueblos siempre iban andando varios jóvenes que pasaban de un pueblo a otro para divertirse y ver a sus amigos.

De repente, mientras un grupo de amigos iba andando por el camino, en ese momento pasó un vehículo y con las luces alumbró dos personas que yacian tendidas en un árbol. La primera sensación de los jóvenes fue asustarse ya que pensaba que se trataba de algo real, pero enseguida se dieron cuenta de que se trataba de Juan y Antonio por lo que se rieron y siguieron adelante.

Esto fue ocurriendo con todos y cada uno de los jóvenes que pasaban por el sitio, pero al día siguiente, cuando se levantaron, todo el pueblo estaba agitado… Al final no se trataba de una broma, y es cierto que alguien los puso ahí deliberadamente para burlarse del pueblo.