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La leyenda de la fábrica del demonio

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En esta ocasión vamos a contar una leyenda urbana conocida como la leyenda de la fábrica del demonio.

Se trata de una fábrica en la que los vigilantes nocturnos vivían una serie de experiencias que les hacía acabar pidiendo la baja por depresión.

Se encontraban en una ocasión dos de estos vigilantes haciendo la ronda cuando de repente escucharon un ruido. Fueron al lugar pero no encontraron nada.  Cuando volvieron a su puesto de vigilancia, uno de estos vigilantes contó al otro que curiosamente, pese a encontrarse la fábrica en una zona muy peligrosa, nunca había tenido robo alguno, y esto era debido a que su dueño hizo un pacto con el diablo. A partir de entonces, Lucifer envió un perro monstruoso y gigantesco que merodeaba por el lugar para protegerla. A cambio de esto, el demonio le pidió el alma de un vigilante cada año.

Es por ello que cada 12 meses, un nuevo vigilante moría. No obstante, la fábrica cambió de dueño, por lo que el último fallecido fue imposible de encontrar. A todo esto, los vigilantes volvieron a escuchar de nuevo otro ruido. Se dirigieron al lugar, y cuando uno de ellos enfocó con la linterna, pudo ver a su compañero tendido en el suelo.