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La joven acompañante fantasma

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Matías era un joven chofer que estaba encargado de llevar a multitud de personalidades de prácticamente todas las nacionalidades. De hecho, a diario conocía gente interesante con la que conversaba mientras realizaba sus servicios.

Una vez al mes decidía trabajar de noche y ese Jueves tenía que hacerlo. Se trataba de un día que no parecía esconder ningún tipo de secreto para el valiente Matías y su volante, pero se tornaría en una experiencia indescriptible.

Recogió a un hombre de mediana edad a las puertas de su casa y una vez que le indicó el destino, comenzó a conducir. Sin embargo, le extrañaba muchísimo una circunstancia. Y es que, ese hombre no contaba con intención alguna de conversar como sí sucedía con gran parte de sus clientes.

Era un señor que al menos de apariencia, se encontraba profundamente dormido, esperando llegar a su destino.

Matías estaba conduciendo por medio de la carretera de la ciudad, en una noche de intensa lluvia y bastante frío cuando llegó a su destino y avisó al señor para que bajase del coche.

Continúa de vuelta a casa pero decidió hacerlo por un desvío mediante el cual pensaba que tardaría menos tiempo en llegar de nuevo a su domicilio, en donde le esperaban sus dos hijas y su mujer que tanto quería.

A mitad de camino y justo en la esquina de una calle vio a una mujer que se estaba mojando pero no pudo frenar a tiempo y notó cómo casi la atropella. Afortunadamente para él, no fue así, aunque cuando bajó del coche la mujer no estaba en sus alrededores y ello le inquietó mucho.

Al subir al coche comprobó que la mujer, empapada de la noche tan mala que hacía, había subido al coche pero no hablaba y su vestimenta parecía muy alejada de la actual.

Aquella mujer le señaló con el dedo que prosiguiera la marcha y al instante le facilitó una nota en la que ponía una dirección acompañado del símbolo de un claxon para que lo accionase al llegar para avisarla.

Una vez que llegaron al destino, sin abrir la puerta, la mujer salió del vehículo y Matías entendió que se trataba de un fantasma por lo que accionó rápidamente el claxon y se marchó.

Días más tarde se enteró de la desaparición de un taxista que tenía averiado su claxon en aquel mismo lugar. Desde entonces se pregunta qué habría sido de él de tenerlo averiado también.