Usamos cookies propias y de terceros para mostrar publicidad personalizada, consideramos que usted acepta su uso al navegar por el sitio. Información
envia

La habitación siniestra

» » La habitación siniestra

Paul se dedicaba a revisar casos de seguros y éste era de los más raros. Una viuda rica había denunciado la muerte de su marido, que apareció ahorcado en una habitación de un hotel. Como no pudo responsabilizarse a los responsables del hotel, no cobraba nada del seguro de vida, que establecía claramente como cláusula restrictiva el suicidio.

Así que Paul se había dirigido a investigar la habitación y su forma de hacerlo iba a ser pasando la noche en ella. Sorprendentemente el director del hotel no le quería dejar entrar en la habitación. Paul creyó que era sólo una excusa para impedirle investigar, pero el director le intentó explicar que esa habitación estaba maldita. No era el primer suicidio y también había un gran historial de accidentes.

Sin embargo Paul no se dejó engañar por esas excusas y decidió firmemente pasar la noche en la habitación. Casi a regañadientes el director del hotel le acompañó hasta la puerta y le dejó entrar.

Una vez dentro Paul no descubrió nada, intentó sacar huellas, grabaciones y todo tipo de pruebas, pero la habitación estaba limpia, lo que parecía indicar que ya se habían encargado de ocultar cualquier pista.

Por tanto, se echó a dormir. A las 8 horas se despertó y cuando miró el reloj no había pasado ni un solo minuto. Sin embargo él estaba muy descansado. Intentó volver a dormir pero al cabo de 2 horas también había pasado un minuto, exactamente el mismo minuto. No había transcurrido nada de tiempo.

El director pasó la noche muy preocupado. Él no quería que denunciaran al hotel por la muerte de ese rico, pero también sabía que en esa habitación pasaba algo raro. El número de muertes dentro de ellas era mucho mayor del que oficialmente se conocía y los “accidentes” eran todos de personal que había entrado a limpiar la habitación y tenían versiones espeluznantes de lo que sucedía en su interior.

Cuando utilizaron el despertador telefónico para el señor Paul y nadie contestaba se temía que hubiera pasado algo malo. Subió personalmente a despertarlo y, muy en el fondo de su subconsciente, sabía de antemano lo que iba a encontrar cuando abriese la habitación. Y no se equivocó. Cuando abrió la habitación encontró a Paul colgado de una soga enganchada al techo. Se había suicidado.