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La camioneta fantasma

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Me encontraba viajando por Texas en la compañía de una pareja de amigos, los cuales no quisieron volver a viajar conmigo ni tampoco hablar de lo sucedido durante aquellos días.

No solía gustarme excesivamente viajar por la noche porque la visibilidad no era la misma que durante el día. Sin embargo, aquel día estuvimos charlando y decidimos continuar con nuestro recorrido porque estábamos realmente cerca de llegar al destino.

Serían alrededor de las 5 de la madrugada cuando notamos que alguien nos seguía, cada vez se acercaba más a nuestro coche e incluso nos molestaba mucho con las luces del vehículo.

No alcanzábamos a comprobar con cierta certeza quién era, porque era bastante tarde y también nos encontrábamos francamente cansados. Después de estar persiguiéndonos durante varios kilómetros, decidimos parar nuestro vehículo cerca de una comisaría cercana y pedir ayuda a los policías.

Cuando entramos a la comisaría de aquel lugar que olía bastante desagradable allí no había nadie y parecía que no había estado prácticamente por aquel lugar durante bastantes años a juzgar por lo mal cuidado que estaba. Así que salimos rápidamente y al salir, nos encontramos con un par de policías.

Les contamos lo que nos sucedía, alguien nos estaba siguiendo e incluso dimos la descripción de lo que parecía ser una camioneta bastante vieja y nos sorprendió muchísimo la actitud de los policías que entraron dentro de la comisaría por sus armas.

Pasados unos 15 minutos decidimos entrar por ellos porque no salían pero allí no había nadie, simplemente estaban los uniformes colgados y una nota que decía, ¡corred!

Nos los tomamos a broma, arrancamos nuestro coche y proseguimos con el trayecto, pero aquella camioneta volvió algo más tarde sobre las 5.45 de la madrugada otra vez tras nosotros. Julián, el novio de mi amiga paró el coche y bajó para increpar al conductor de la camioneta, aunque volvió con semblante blanco.

Al volver donde estábamos nosotros nos dijo que no había ningún conductor ni nadie conduciendo la camioneta. Yo, que no podía creerlo, salí del coche y repetí los mismos pasos que mi amigo con idéntico resultado, la camioneta parecía estar funcionando por ella misma.

Volví al coche, nos miramos y conducimos todo lo deprisa que pudimos hasta llegar a la ciudad. El caso es que aquella camioneta nos siguió hasta el amanecer, momento en el que desapareció y aprendimos la lección de no volver a conducir por la noche.

Unas semanas más tarde, nos enteramos de un accidente que sucedió en la comisaría que visitamos en donde se fugó una persona muy peligrosa e hirió a varios agentes gravemente…