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La calabaza solitaria

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Había una vez pequeña calabaza, que se llamaba Angélica, era una calabaza muy buena y servicial, que lo único que quería era ser seleccionada para viajar lejos en un camión junto con el resto de calabazas de su familia.

Pero llegado el día de la cosecha, un agricultor, la encontró a Angélica, y como la vio muy pero muy pequeña que pensó que nadie se la querría comprar en el mercado, tanto por su tamaño como por su apariencia poco agradable.

Angélica, acabó en un cubo de basura, y al sentirse separada y marginada injustamente del resto de las calabazas, se enojó tanto que se transformó en una enorme y siniestra calabaza, a la cual le salió una horrible cicatriz y unos ojos maquiavélicos. Cambió también su carácter y se hizo una calabaza oscura, lúgubre y muy rencorosa tanto con el granjero como con todo el pueblo que pensaba no la aceptaban tal y como era.

Convertida en una calabaza realmente monstruosa, desde aquel día la calabaza se dedicaría a asustar y atacar vilmente a todo aquel que se encontrara por su camino. Hecho que hizo que la gente de todo el pueblo se escondiera en sus casas durante largas temporadas en las cuales se sabía que Angélica andaba suelta.

El campesino, tras saber en que se había convertido aquella pequeña calabaza que un día desechó, se asustó mucho y comprendió su error. Pero ya sería tarde para él, puesto que una buena mañana el campesino saldría de su casa a hacer sus labores diarias y desaparecería para siempre en extrañas circunstancias que hacen pensar que Angélica tuvo algo que ver.

La calabaza monstruosa, desde entonces, sale todas las noches de halloween para asustar a los niños y a los mayores por las calles de cualquier ciudad. Ten cuidado.