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El último día de niebla

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Era una tarde muy nublada, casi no se podía distinguir pues había mucha niebla, estaba a punto de anochecer cuando Luis salió del trabajo, era la primera vez que salía tan tarde, de dispuso a llegar a su casa lo antes posible, así que comenzó a caminar por la acera, cuando de repente, justo en la esquina se encontró con una bella joven, alta de ojos claros y pelo rubio, o al menos fue lo que él puso distinguir entre tanta niebla, al parecer se estaba muriendo de frio, la chica no dejaba de temblar y es que esa pequeña blusa casi transparente parecía no protegerla de tanto frio, el con gusto le ofreció su chaqueta, –Luis– se presentó a sí mismo –hola, mi nombre es Rosa, muchas gracias por la chaqueta, si mañana te veo por aquí, prometo devolvértela-. Se despidieron muy aprisa, per él no podía dejar de pensar en ella, al llegar a casa, sólo pensaba en su hermosa voz y en sus lindos ojos azules.

Al otro día, Luis se dispuso a llegar a ese lugar lo más rápido posible, pero no fue hasta que estaba por anochecer y la niebla volvía, que ella apareció, -hola- le dijo con su hermosa voz, no le devolvió su chaqueta pues el clima seguía estando igual, varias noches pasaron y muchas veces se vieron, Luis estaba encantado con aquella bella y misteriosa mujer, la cuál nunca lo dejaba acompañarla a su casa, la que esperaba a que él se fuera para irse, aquella que nunca aceptaba verlo en otro lado y a otra hora que no fuera esa y en ese lugar. A pesar de lo raro que era esa situación, Luis la aceptaba, hasta que un día se dispuso a convencerla, le insistió, le dijo que era muy peligroso, “no” decía ella con tono sutil, hasta que después de tanta insistencia un “no” estremeció por completo a Luis, esa voz no parecía ser la suya, esa rudeza no parecían ser de ella, el acepto y prometió verla al otro día.

Al otro día y sin que ella lo notara, él la siguió, se llevó una tremenda sorpresa al ver la casa en la que vivía, no parecía ser habitable, era la casa que había salido en las noticias años atrás,-todos muertos en un incendio recordó-, no podía ni moverse al ver cómo ella entraba y parecía esfumarse hasta que, ella se detuvo y giró la mirada, al verlo ella gritó “te dije que no podías venir, pero, si era lo que querías, ahora no te irás”, y Luis pareció esfumarse en la niebla, y jamás volvió a salir.