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El pueblo del Dr. Montilla

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Antonio era un hombre rudo, de campo, y que siempre había presumido de su salud de hierro. Nunca había pisado un hospital, porque nunca lo había necesitado, pero ya superaba los 70 años y empezaba a tener algunos malestares, por lo que sus vecinos siempre le insistían que fuese a ver a un médico.

Finalmente lograron convencerlo, pero Antonio tan sólo conocía un médico que vivía a las afueras de un pueblo que se encontraba a unos 30 kilómetros del lugar, por lo que optó por visitarlo.

Una vez que llegó al pueblo, Antonio entró en la consulta del Dr. Montilla y expuso su caso. Le llamó mucho la atención que en aquél lugar todavía se utilizase una vestimenta tan clásica, pero siendo realistas, fue algo que le dio una mayor confianza.

La enfermera le atendió perfectamente, y el médico le dio algunos buenos consejos para cuidar su salud. Sobre todo le recomendó algunas infusiones y un par de medicamentos sencillos, porque no tenía nada preocupante.

Finalmente, Antonio salió contento de nuevo para su pueblo, con ganas de decirles a todos que se encontraba como un roble. Al llegar pasó primero por la farmacia para hacerse con la medicación que tenía que tomar.

Al ver lo que era, el farmacéutico se extrañó, puesto que esos medicamentos dejaron de fabricarse muchos años atrás. Al preguntarle a Antonio quién fue el que se los recetó, con todo detalle explicó del lugar del que venía.

Al momento, la cara del farmacéutico se quedó blanca, y explicó a Antonio que ese pueblo sufrió de un fuerte incendio y que todos sus habitantes murieron en la catástrofe, por lo que llevaba ya decenas de años abandonado…