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El guardián de la cosecha

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Érase una vez un pueblo a las afueras de Texas denominado como KormüL, en donde sus habitantes sufrían las inclemencias de la meteorología en cuanto a las cosechas, ya que no llovía desde hacía varios meses y sus cultivos se encontraban en serio peligro.

Llegó al lugar un hombre de apariencia siniestra que afirmaba contar con la solución para sus problemas, rendir tributo a un dios de las cosechas con el objetivo de protegerlas y que éstas tuviesen mejores resultados en los próximos meses.

Aunque al principio los ciudadanos de aquel pequeño poblado se vieron realmente interesados en las palabras de este hombre un tanto siniestro, pronto comprendieron que no se trataría de una oferta exclusivamente gratuita. Y es que, tendrían que abandonar en el bosque al más pequeño de sus hijos para saciar el apetito de aquel dios de la antigüedad.

Cuando el párroco de la única iglesia del pueblo se enteró de las circunstancias, pronto emprendió camino para frenar a sus vecinos aunque no tuvo éxito. Además, días más tarde no volvió a saberse nada de aquel párroco que misteriosamente cogió sus cosas y marchó del lugar acompañado de su familia e hija pequeña.

Lo que en un principio supuso una gran calma para sus habitantes, con el tiempo se trasformó en desesperanza porque cada vez quedaban menos niños jóvenes en la escuela. Además, empezaron a producirse rencillas entre los propios habitantes que veían como cada poco tiempo, tenían que desprenderse de sus hijos en la lejanía del bosque.

Un grupo de investigadores de fenómenos inquietantes descubrieron un poco de casualidad por Internet la existencia de este pueblo, porque había resultado popular tras la increíble recuperación experimentada. De hecho, acudían más familias al lugar interesadas en encontrar puestos de trabajo en sus cosechas y por supuesto, instalarse en el lugar.

Una tarde de Jueves llegaron al lugar con su coche y rápidamente se percataron que algo extraño sucedía en el lugar, las personas sonreían de manera increíblemente forzada, eran hospitalarios en exceso y parecían contar con unas ganas enormes de desquitarse de sus visitantes.

Decidieron quedarse en un hostal de este pueblo texano y conocer más en profundidad lo que allí sucedía. Así que, empezaron a entablar cierta amistad con algunos de sus vecinos, hasta que una mujer de nombre Mary les habló acerca de una estatua situada en uno de los cultivos en la cual, los vecinos dejaban ofrendas.

Al acercarse al lugar para hacer unas mediciones, la estatua cobró vida, los atacó, y no volvieron a saber de ellos.