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Cuida de mi bebé

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Antonio y yo siempre habíamos querido tener descendencia, pero por razones de la vida, nunca lo habíamos conseguido por lo que al final acabamos desistiendo y buscando un niño al que adoptar.

Los trámites fueron bastante largos y costosos, pero finalmente tuvimos la gran suerte de conseguir un bebé con apenas un año que además estaba sonriendo en todo momento, algo que nos atrajo mucho de él y nos hizo darnos cuenta de que realmente se trataba del niño que siempre habíamos querido tener correteando por nuestro hogar.

Las primeras semanas fueron fantásticas, ya que el pequeño se portaba muy bien y apenas lloraba en algún momento, y si lo hacía, al cabo de un minuto se callaba y volvía a sonreír.

Nunca supimos el origen de este pequeño, porque por alguna razón nadie nos lo quiso desvelar, pero el fondo tampoco nos preocupaba demasiado, ya que nuestro objetivo era ser felices con él y comenzar una nueva vida de cero.

Pero los meses iban pasando y cada vez nos sorprendía más que nunca nos necesitase para nada, era como si fuese completamente independiente, lo cual resultaba cómodo pero no podía más que escamarnos.

Cuando comenzaba a llorar por las noches, el cuerpo se me llenaba de escalofríos en el momento en el que de repente paraba sus lágrimas y comenzaba a reír incesantemente, como cuando nosotros mismos le hacíamos carantoñas.

Algunas veces iba a su habitación pero no había nada que pudiese justificar este comportamiento, hasta que una noche decidimos acercarnos sin hacer ruido, y cual fue nuestra sorpresa en el momento en el que abrimos la puerta y pudimos ver la figura de una mujer en un color blanco y semitransparente que estaba sentada junto al bebé cuidándolo y acariciándolo.

En ese mismo instante se volvió hacia nosotros y cuando nos vio desapareció para no volver a verla nunca más, aunque debo decir que 20 años después todavía sigo notando su presencia.