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Creo que conoces tu destino

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Ricardo había tenido una infancia verdaderamente horrible, y lo cierto es que nunca había sido un buen chico; quizás por el entorno en el que había crecido o directamente por que había algo malo en su interior que lo hacía actuar como un monstruo en lugar de como un ser humano.

Por mucho que intentaba recuperarse de su situación nunca lo conseguía, ni acudiendo a psicólogos, psiquiatras, brujos, etcétera. Sabía que en su interior algo estaba pútrido, y con el paso del tiempo comenzó a darse cuenta de que cada vez era más evidente cuál era su destino, y que nada ni nadie podría hacer cambiar su rumbo.

Fue así como todo empezó… Ricardo ya no se controlaba a sí mismo, y la gente empezó a tener verdadero miedo de este joven que por otra parte mezclaba una mirada inteligente con una mirada triste, creando un semblante que haría estremecer hasta al más valiente.

Mientras sus viejos padres pensaban que no estaba todo perdido y que alguien conseguiría sacarlo del pozo en el que acabó metido, Ricardo seguía totalmente seguro de que sus problemas mentales iban a ser para toda la vida, y que tarde o temprano debería rendirse a ellos y hacer lo que más necesitaba en su interior.

Ésa fue la noche en la que decidió comenzar a dar rienda a su verdadera personalidad, y aunque nadie podía sospechar que fuese realmente peligroso, lo cierto es que se debía a que la realidad todavía no había comenzado y las personas que se encontraban en su entorno corrían verdadero peligro.

Desde la primera hasta la última, Ricardo se dio cuenta de que una vez que había empezado ya no podía parar, y que realmente sentía placer cuando destripaba y acababa con la vida lentamente, le hacía sentirse poderoso, le hacía soñar que realmente ese era el lado bueno de la vida, ese lado que había tardado demasiado en descubrir.