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Atrapado en una realidad paralela

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Joaquín era un joven empresario con bastante talento que debido a unas circunstancias un tanto singulares tuvo la oportunidad de abrir un gran negocio en su ciudad, Barcelona.

Su personalidad no era precisamente afable, ni tampoco tenía la intención de tratar bien a sus empleados. De hecho, correspondía mal a buenos gestos, no valoraba los detalles que tenían consigo y sobre todo, era bastante mal pagador en cuanto a los salarios de sus empleados.

Con la llegada del mes de Agosto, en torno al día 2, salió en su coche con destino Málaga para encontrarse con su familia por vacaciones, pero en el camino, recogió a una persona que le solicitó llevarla con él, porque andaba con prisa y temía no llegar a un evento importante.

Durante el camino, el acompañante de Joaquín, que hacía llamarse Ongilam, empezó a contarle una historia que le sobrecogió sobre un hombre que trataba cruelmente a sus empleados y conoció un diablo que le castigó atrapándolo en el tiempo durante el resto de sus días.

Continúo explicándole que por medio de un contacto en el hombro, ese diablo cambió completamente su vida y los familiares de ese hombre nunca más le vieron otra vez pese a los intentos incontables de llamadas de múltiples formas.

Aquel popular empresario no se percató que precisamente le estaba narrando diferentes aspectos y actuaciones ocurridos en la propia vida de él, pero cuando llegaron a Málaga Ongilam se bajó del coche y el conductor continúo hasta casa de sus padres, en donde había quedado con otros familiares.

Le pareció bastante curioso que al bajarse del vehículo de Joaquín, aquel hombre se despidiese de él con un leve gracias en el hombro. Más aún después de la historia que le había contado un poco tiempo antes y de final bastante angustioso.

Una vez que llegó, aparcó y tocó el timbre pero nadie le abrió a pesar de las intensas voces que se escuchaban en el lugar, la música y todo el ruido propio de los pequeños correteando por la casa de un sitio a otro.

Se sorprendió mucho por lo que agarró su teléfono pero comprobó que no podía hacerlo porque parecía no tener suficiente energía para disponer de él, y realizar la llamada con la que avisar a su entorno.

Joaquín entendió que el hombre de la historia que le había contado unas horas atrás Ongilam era él mismo y solamente podía zafarse de aquella mala fortuna traspasando la situación a algún otro incauto que encontrase el mismo día, de la misma hora pero de años posteriores…