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Anita y sus muñecas

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Desde que Anita cumplió los siete años, siempre había querido ser una princesa y vivir en un castillo. Los años pasaron, y el sentirse desplazada por los escasos habitantes que había en su localidad le hicieron plantearse dirigirse a otro lugar donde fuese respetada y querida por un príncipe.

Ya tenía 24 años, y la razón de que la odiasen tanto era porque vivía sola debido a que sus padres murieron trágicamente cuando apenas había cumplido los ocho años. Los habitantes del pueblo siempre pensaron que ella había sido la que los había matado, pero no era así. Anita llegó y se quedó junto a los cuerpos sin vida durante días, porque no supo reaccionar.

El caso es que para salir de esta pesadilla, Anita comenzó a preparar su pequeña maleta. En ella introdujo algunas de las escasas posesiones que tenía en la casa y algunos víveres para el camino, ya que iba a tener que andar durante días para poder llegar a otro pueblo. Por supuesto, las dos muñecas de trapo y madera que siempre había guardado con cariño, eran parte de su equipaje. Estas muñecas las hicieron sus padres para ella con todo el cariño poco antes de fallecer.

No dijo nada a nadie, y la verdad es que la gente tardó meses en darse cuenta de que la casa había quedado abandonada. Una curiosa sensación de paz les recorrió al saber que Anita ya no estaba.

Ya habían pasado los días y Anita pudo encontrar lo que podría ser su nuevo hogar. Una familia de ya avanzada edad optó por acogerla temporalmente en su casa para ayudarla, y fueron pasando los meses con gran felicidad y alegría.

Una tarde de lluvia, Anita no llegaba, y el matrimonio empezó a preocuparse. El abuelo salió para fuera a buscarla con otro vecino por si le había ocurrido algo, pero cuando fueron a darse cuenta, ya no había marcha atrás… y las muñecas seguían en la maleta.